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Enseño aquello que necesito aprender alt

Por Gustavo Bertolotto

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Os puedo asegurar que el permitirme
pensar de otra forma y el aprender
a formular operativamente mis propósitos
y deseos cambió mi vida, puesto que
cambió mi forma de Ver, Oír, Sentir...
Definitivamente la Vida era…  otra cosa.

A estas alturas del partido, peinando ya alguna que otra cana, no me atrevo a afirmar que una técnica es mejor que la otra de forma clara y contundente. La PNL llegó a mi vida como otras experiencias, en el momento justo, “como si” un “Coach invisible” tuviera diseñadas las fases de una formación personalizada hacia “el Ser” sin que yo tenga una conciencia explícita del programa. Dicen que el azar es la firma de Dios cuando escribe con pseudónimo, y un día de mediados de los 80, por azar, en una revista de una peluquería leí una breve reseña: PNL “el último hallazgo que revoluciona EEUU”. Aquello vibró con tal fuerza dentro que sentí la necesidad de saber qué significaban exactamente esas 3 siglas misteriosas. Como os iba diciendo, no, hoy no me atrevo a afirmar de forma contundente que una técnica es mejor que la otra, y sí siento que hay unas técnicas con las que unos sintonizamos mejor que con otras, tal vez por que responden a interrogantes no resueltos hasta ese momento, o bien por que completan carencias, vibran en nuestra sintonía, hablan nuestro mismo lenguaje interior…

Más allá de los asombrosos resultados para superar fobias con los que parecía presentarse la PNL tradicional —que me hicieron acercarme despacito ante algo que podría ser el último “elixir mágico” de una sociedad en busca de soluciones rápidas— me encontré con unos novedosos descubrimientos sobre cómo construimos interiormente nuestra línea de pensamiento y nuestros procesos de reflexión con nosotros mismos. Hacía tiempo me había dado cuenta de que era muy importante cómo recordabas y valorabas lo que te iba pasando en la vida y desde donde se fraguaban los pensamientos cotidianos. Sin embargo nunca me había dado cuenta de hasta qué punto construimos nuestra vida y emociones a través de un diseño formal de recuerdos basados en lenguaje, imágenes, sensaciones y creencias:
¡la forma en que recordábamos y pensábamos era casi más importante que el contenido!

La PNL forjó la base fundamental de mi trabajo interior y continúa ayudándome día a día como persona y profesional a acercarme hacia lo que quiero y a alejarme de lo que no. Gracias a la PNL aprendí cómo muchos de mis pensamientos habían sido construidos desde creencias inconscientes que habían limitado mi potencial y mi campo de acción. Os puedo asegurar que el permitirme pensar de otra forma y el aprender a formular operativamente mis propósitos y deseos cambió mi vida, puesto que cambió mi forma de Ver, Oír, Sentir... Definitivamente la Vida era… otra cosa.

La metodología clara y sencilla me propuso una organización de los muebles de mi cabeza en la que podía reconocer el lugar que ocupaban y donde tenía la opción de cambiarlos de sitio, limpiarlos o incluso de tapizarlos con colores de primavera. Gracias a su hábil uso de las preguntas comencé a plantearme cuestiones esenciales desde una sistematización y un orden que reencuadraron muchos de mis valores esenciales y me aportaron una orientación clara de la dirección hacia la que quería dirigir mi energía. Comprendí asombrado porqué esas interminables listas de propósitos futuros no eran útiles para avanzar, ya que desde su misma formulación estaban avocados a no ser llevados a cabo. Un joven tímido, retraído y melancólico encontró un día un mapa útil en el cual las rutas llevaban a alguna parte y se convirtió en un aventurero, en un inquieto explorador. Ese mapa no resolvía todos los misterios ni respondía todos los porqués, sin embargo, indicaba la ruta del tesoro con más simplicidad, orden y transparencia.

El aprender a orientarme y el saber para qué, como y cuando me generó un sólido aplomo personal, una seguridad hasta ahora no muy conocida para alguien con problemas de comunicación. Me di cuenta de que si aprendías a saber donde ibas y a enfocar bien tu energía el stress aparecía con mucha menos frecuencia.

Comprendí también lo importante que era respetar el mapa de los demás, lo valioso que era tener herramientas para saber desde donde había sido construido y como podía acercarme un poco a él, transitando los caminos construidos por sus creencias, valores, vivencias, no desde la omnipotente y omnipresente visión de uno mismo, ciega a que el otro prefiera un camino de piedras en lugar de uno de pasto e hierbas.

Cuando aprendes algo que transmuta tu vida sientes el ferviente deseo, inclusive el deber, de anunciarlo con rótulos luminosos por las calles principales, gritarlo fuerte en las plazas. Después de la euforia inicial y de atravesar esa prueba fundamentalista mi corazón no tuvo más remedio que optar por enseñar aquello que necesitaba aprender, aquello que me propició cambiar.

Curso tras curso no he dejado de aprender sobre mí, sobre nosotros, no he dejado de sorprenderme de la inmensa belleza y creatividad depositada de forma particular en cada ser humano, del increíble potencial que tenemos dentro replegado y a la espera de ser convocado.

 


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